Celebración del Centenario de José Grás y Granollers, Canónigo de la Abadía y fundador de las Hijas de Cristo Rey


Ha dado comienzo el año de celebraciones del centenario de la muerte de José Gras y Granollers. Con este motivo se celebró una Misa, presidida por el Obispo de la Seo de Urgell, y la instalación de un cuadro cerámico en su memoria en el Claustro de la Abadía del Sacromonte. 

El obispo de Seu d’Urgell, Joan Enric Vives, con un grupo de Hijas de Cristo Rey el día de la inauguración del cuadro cerámico en el patio central de la Abadía

 

En un carmen morisco del Albaicín de Granada el 7  de  Julio de 1918 moría serenamente un hombre de bien. Tras ochenta y cuatro años de brega, José Gras y Granollers, un catalán afincado en Granada desde su juventud, se despedía de un grupo de mujeres que le rodeaban amorosamente en aquella hora decisiva.

Este hombre luchador, sacerdote como esencial identidad, se había trasladado de su celda en la Abadía del Sacro Monte, donde vivió durante 52 años, a este rincón albaicinero para reparar sus fuerzas. Venía de librar una batalla apasionada: quiso hacer valer la persona y el mensaje de Jesús el Cristo en medio de la sociedad desgarrada de su tiempo. El racionalismo del siglo XIX  en el  ámbito cultural y el enfriamiento de la fe en los creyentes le removían las entrañas.

Como periodista y escritor alzó la voz, una y otra vez, para gritar a los cuatro vientos que la sociedad necesitaba una profunda regeneración moral y que el único camino de salvación es la aceptación y el seguimiento del Rey universal que se llama Jesús. Estaba convencido   que su propuesta de “hacer el bien”- estribillo de toda su vida-  es la medicina que puede curar todos los males que padecen lo hombres, y que la educación en la verdad  es el instrumento  que hará reconstruir la sociedad.

Rezaba en la Colegiata de la Abadía, estudiaba en el silencio de su cuarto, impartía clases a los estudiantes en el colegio y contemplaba la Alhambra y la ciudad allá abajo desde su balcón sacromontano. Sin embargo, la paz que había encontrado en este monte de Granada le atormentaba: había que hacer algo por esta sociedad desorientada. Y llevado de una inspiración venida de arriba se aventuró a fundar un instituto femenino al que llamó Hijas de Cristo Rey. Le impulsaba el convencimiento de la capacidad de la mujer para educar y rehacer las costumbres con el programa de amor  del Hijo de Dios. 

Hoy, cuando se van a cumplir cien años de su muerte, este instituto religioso de ciento cuarenta años de vida está presente en once países de tres continentes, Europa, América y África,  y sus hijas en unión con educadores comprometidos  hacen resonar la consigna de su obra: que Jesús  es el campeón  de la verdad y de la vida, el Bien supremo capaz de crear una la gran familia de todos los pueblos. Seguir sus huellas es hacer un mundo más humano, más fraterno y más feliz.

Han comenzado los actos del centenario. Como prólogo se ha colocado un cuadro cerámico en la galería de sacromontanos  ilustres del patio central de la Abadía, con la presencia del obispo de Seu de Urgel, diócesis a la que pertenece el pueblo, Agramún,  donde nació este catalán eminente. Esta figura capitular sobresale entre los canónigos sacromontanos del siglo XIX, juntamente con Andrés Manjón, los dos  fundadores de obras sociales que buscan la promoción del pueblo mediante la educación.

La Abadía del Sacro Monte, institución cuatro veces centenaria, reconoce en este miembro de su cabildo a uno de sus mejores hijos, un hombre de gran valía humana y un sacerdote ejemplar, y  se une con gozo a los actos que se celebrarán durante todo el año.”

Por Juan Sánchez Ocaña